Porque el verano tiene el mejor departamento de marketing del planeta. Es la única época del año en la que todos sentimos una presión silenciosa por vivir algo extraordinario: un romance inesperado, una noche memorable o, como mínimo, una historia a 20 uñas que merezca ser contada a la vuelta de vacaciones.
Y esas son las únicas historias que circulan. Nadie publica que pasó tres días tumbado con el ventilador apuntándole a la entrepierna, que discutió con su pareja por quién bajaba a comprar hielo o que se acostó a las diez porque al día siguiente tocaba madrugar para coger sitio en la playa.
Cuando solo ves los mejores momentos de los demás, es fácil llegar a una conclusión: todo el mundo (f*lla) ha vivido un verano más intenso que el tuyo.
Así que, si este verano has cantado línea y bingo, enhorabuena. Y si lo más húmedo que has tenido ha sido la goma del bañador después del último chapuzón, tampoco pasa nada.
Porque, al final, el mayor mito del verano quizá no sea que se chinga más, sino creer que todo el mundo lo hace... menos tú.